Comunidad

Las personas que se sienten más conectadas sea con su familia, amigos, amigas o los miembros de su comunidad son más felices, son más sanas físicamente y tienen menos problemas de salud mental que las personas que no se sienten conectadas con otras personas.

Mental Health Foundation United Kingdom

Un poco de contexto social

Chiapas es uno de los rincones más maravillosos de México y el mundo, repleto de hermosos paisajes naturales como la selva Lacandona, los lagos de Montebello, o las ruinas arqueológicas de Palenque. Sin embargo, estas bellezas existen al mismo tiempo que un desigual escenario social de pobreza extrema.

San Cristóbal de las Casas es un claro ejemplo de estos contrastes; una ciudad con múltiples planes de inversión en  turismo, considerada uno de los principales impulsores económicos de la región de los Altos de Chiapas, y Patrimonio Cultural de la Humanidad por su valiosa e histórica arquitectura colonial, es también un lugar donde extranjeros, mestizos mexicanos y población indígena convergen día con día.

Para atraer más turismo nacional e internacional, la sociedad local hace grandes esfuerzos por invisibilizar, e ignorar, las consecuencias de estos altos índices de pobreza en la ciudad. Uno de los escenarios más desoladores, es el de la infancia indígena en pobreza extrema y abandono, con prácticamente nulas opciones de escalar socialmente.

Más de 5 mil indígenas menores de edad (niñas y niños) trabajan en condición de ambulantaje por las calles del centro histórico de San Cristóbal de las Casas. Entre otros oficios, se dedican a vender flores o artesanías, o bien, lustran zapatos, en jornadas de más de doce horas, que les ponen en riesgo de deshidratación, desnutrición, dificultades en el desarrollo físico y cognitivo, así como también quedan expuestos a la violencia sistémica, delincuencia juvenil y adicciones.

La Casa de las Flores es un refugio de día, que aborda estas y otras problemáticas a través de una visión humanista, amorosa e inclusiva, de derechos humanos y derechos de la infancia. A través de programas educativos, de nutrición y de desarrollo sustentable, La Casa de las Flores hace una diferencia crítica en la vida de niñas y niños que encuentran en ella, el acompañamiento y cuidado necesario para sembrar esperanza  y construir un mejor futuro para sí mismos, sus comunidades, y nuestro país.


En violencia hacia menores de edad

En difusión de pornografía infantil

En embarazos de menores de 14 años

En trata de personas


Que es la Casa de las Flores

La Casa de Las Flores es un lugar seguro, creado para recibir niñas, niños y jóvenes que trabajan en las calles del centro histórico de San Cristóbal de las Casas, población indígena casi en su totalidad. A diario se ofrece una bebida caliente y un desayuno nutritivo, y para la mayoría de las y los asistentes a La Casa, esta podría ser la única comida que hagan en el día. Las actividades educativas y culturales que se realizan en LCF se adaptan a los horarios y necesidades particulares de cada niño y niña, principalmente de alfabetización y lectoescritura, matemáticas básicas, educación financiera y pensamiento científico.

En La Casa de las Flores contamos con un pequeño espacio al aire libre en la parte trasera, y ahí tenemos un vivero y un jardín para siembra de plantas medicinales y hortalizas. Es fundamental en nuestro plan de estudios el cuidado físico, de nuestro propio cuerpo, y del medio ambiente. Por ende, una educación alrededor de la comida, desde su siembra, cosecha y preparación, hasta servirla compartirla en la mesa, es uno de los ejes centrales de LCF.  

Los niños y niñas, por combatir el hambre o la sed mientras cumplen con sus jornadas de más de diez horas de trabajo, comenzaron a comer de manera muy insana en las calles: refrescos, frituras y golosinas, y perdieron la noción de sembrar sus propios alimentos. Aunque antes detestaban las verduras y frutas, ahora que las han cultivado y contemplado, su visión ha cambiado positivamente.

La Casa de las Flores es un constante testigo de las problemáticas sociales que se presentan día a día en las calles de San Cristóbal de las Casas. Por ende, como equipo, estamos en la constante búsqueda de soluciones creativas y prácticas que las niñas, niños y jóvenes puedan replicar en su vida cotidiana.

Todas las acciones dentro de LCF son pensadas en el combate a la desnutrición emocional, y en favor de la lucha por los derechos de la infancia que han faltado en las vidas de estos niños y niñas, con especial atención al derecho a descansar, jugar y aprender.


COMO SE GESTÓ NUESTRA HISTORIA

La Casa de Las Flores se fundó en el año del 2009  se estableció cómo asociación civil en el año del 2011.  Quienes fundaron LCF fueron dos personas, una que vive en la Ciudad de México José Manuel Gómez del Campo quien propició los recursos económicos para abrir las puertas, y Claudia Castro radicada en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, quien elaboró las estrategias y metodologías para la operatividad de la casa. Sin embargo a  ésta historia le tomó en gestarse 42 años,  partió de un sueño infantil que con el paso de los años fue tomando forma con un plan, y así llego un momento afortunado para poder realizar el sueño. No se puede vivir en San Cristóbal o visitar San Cristóbal y no ver lo que esta pasando con la infancia.  

No hacer nada al respecto es una de las omisiones mas graves que estamos cometiendo como comunidad. Lo primero que supimos fue sabernos que éramos una casa de contención.  Muchas niñas y niños están cansados y abatidos por diversas realidades que les ocurren en casa, en las calles de sus barrios, en el centro histórico y por las adversidades del clima. LCF ha crecido con el paso de los años gracias a la participación de las ideas y del trabajo de muchas niñas, niños, jóvenes y personas adultas que han participado en ella.


LO QUE QUEREMOS LOGRAR

Que los niños, niñas, jóvenes, maestras y voluntari@s integremos experiencias  educativas creativas, positivas y placenteras alrededor del cultivo, cuidado y procesamiento de los alimentos que cosechamos.

Vincularnos y fortalecernos con la comunidad inmediata, y a través de ella promocionar y brindar apoyos a los huertos comunitarios – educativos que lleven a la acción social que mejora la seguridad y el bienestar de las niñas, niños y jóvenes.

Crear espacios seguros donde se puedan construir relaciones más sanas y armónicas.

Queremos promover cambios en la manera de pensar, sentir, reflexionar, comunicar, cooperar, trabajar y vernos como personas y cómo colectivo para generar cambios sanos en nuestras maneras de relacionarnos con nosotr@s mism@s  y con la comunidad.

Acompañar, cuidar, visibilizar, educar, proteger y desarrollar un sentido de pertenencia y conexión.

Crear con la comunidad un sistema de apoyo y protección para la infancia y juventud en riesgo.


COMO LO HACEMOS

Los niños y niñas aprenden de manera personalizada con una maestra acompañándoles y mostrándoles estrategias relacionales para realizar trabajo colaborativo en el vivero, la cocina, el bazar, el área de juego y el aula. Nuestras actividades preponderantes giran alrededor de la filosofía del cuidado como lo es: el cuidado físico, cognitivo, emocional, ambiental y altruista basado en acciones concretas a través de programas educativos, recreativos, lúdicos, de higiene y alimentación.

El programa del Huerto a la Cocina consiste en brindar de  herramientas a la comunidad de La Casa de Las Flores para que se desarrollen procesos de aprendizajes significativos en base a experiencias reales en el huerto como lo es aritmética, lecto-escritura, ciencias de la vida y la tierra, mejorando así la salud física, mental y la percepción de bienestar que nos brinda el sentido de pertenencia y conexión que nos da una comunidad.

Potenciamos las capacidades para la toma de decisiones pensadas y reflexionadas en torno a la comida, la salud y el bienestar.   Vamos experimentando y aprendiendo de manera colectiva, con el paso de los años, y la transformación de los niños y niñas a mujeres y hombres.  Con el nacimiento de sus hijos e hijas nos damos cuenta que un cambio positivo en la vida para la generación actual y las futuras es posible.

Estamos creando un plan de vinculación con otras personas y organizaciones que trabajan en huertos educativos, huertos urbanos y centros comunitarios para crear nuevas alianzas de  cooperación que beneficien a las niñas, niños y jóvenes en situaciones límites para darles herramientas y alternativas para una buena alimentación, la construcción de relaciones humanas más sanas y armónicas a través del trabajo en el huerto, la cocina, el estudio, la comida y el juego.  

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